Ocupar espacios y cuestionar al poder: el mensaje en Diálogos de Luz
- Ana González
- hace 21 horas
- 3 Min. de lectura

En el marco de las actividades por el Día Internacional de la Mujer en marzo de 2026, el Tecnológico de Monterrey Campus Hidalgo llevó a cabo el encuentro “Diálogos de Luz”, donde estudiantes de preparatoria y profesional, así como profesores y colaboradores del campus, asistieron a la conferencia “Investigar siendo mujer: poder, riesgo y voz propia”, impartida por la periodista de investigación Sandra Romandía.
Durante la charla, Romandía compartió con los asistentes reflexiones sobre los desafíos que enfrentan las mujeres que ejercen el periodismo de investigación en entornos donde el poder político, económico o criminal suele resistirse a ser examinado. A partir de su experiencia profesional, habló sobre la importancia de construir una voz propia y autoridad profesional en ámbitos históricamente dominados por hombres.
“Ser mujer muchas veces significa abrirse paso en espacios donde durante mucho tiempo no se pensó que debíamos estar”, señaló. “Durante años el primer reto fue demostrar que podíamos estar presentes; hoy el desafío es ejercer liderazgo, opinar y dirigir”.
La periodista explicó que, aunque cada vez hay más mujeres trabajando en redacciones, la dirección de los medios de comunicación sigue concentrada mayoritariamente en hombres. Citó estudios del Reuters Institute for the Study of Journalism que muestran que solo una minoría de los principales medios en el mundo están encabezados por mujeres, y en América Latina la proporción es todavía menor.
“Las redacciones están llenas de mujeres periodistas, pero todavía somos pocas en los espacios donde se toman decisiones editoriales”, afirmó. “Y eso es relevante porque quien dirige un medio también define qué temas se investigan y qué historias se vuelven visibles”.
Romandía también reflexionó sobre la opinión pública como un espacio históricamente dominado por voces masculinas. “Durante décadas las mujeres investigaban, reportaban y trabajaban en el campo, pero la interpretación del país —las columnas, la opinión— quedaba principalmente en manos de hombres”, explicó.
En ese contexto, mencionó la creación de Opinión 51, una plataforma editorial que reúne a decenas de mujeres columnistas de distintos ámbitos con el objetivo de ampliar la presencia femenina en el debate público.
“Opinar también es ejercer poder”, afirmó. “Si las mujeres no participan en la conversación pública, alguien más termina interpretando la realidad por nosotras”.
A lo largo de la conferencia, la periodista abordó además los riesgos que implica investigar temas sensibles en México, considerado uno de los países más complejos para el ejercicio del periodismo. En ese sentido, subrayó que el periodismo de investigación requiere no solo rigor profesional, sino también persistencia y una misión clara.
“El periodismo de investigación consiste muchas veces en hacer preguntas que alguien preferiría que no se hicieran”, comentó. “Y cuando una mujer decide hacer esas preguntas, no solo confronta al poder político o criminal, también desafía muchas expectativas culturales”.
Romandía compartió también reflexiones sobre el llamado síndrome de la impostora, un fenómeno identificado en diversos estudios internacionales que señala que muchas mujeres profesionales dudan de su legitimidad para ocupar espacios de liderazgo.
“Muchas veces creemos que para ocupar un lugar necesitamos ser extraordinarias”, explicó. “Pero en realidad las carreras se construyen con algo mucho más sencillo: persistencia, una misión clara y la decisión de no levantarte de la mesa cuando finalmente logras sentarte en ella”.
El encuentro formó parte de la serie “Diálogos de Luz”, una iniciativa del Tecnológico de Monterrey Campus Hidalgo orientada a promover conversaciones sobre igualdad, liderazgo y participación de las mujeres en la vida pública.
Al cierre de la conferencia, Romandía invitó a las y los estudiantes a sostener sus convicciones y participar activamente en la construcción de una sociedad más crítica y participativa.
“La voz propia no se hereda, se construye”, concluyó. “Y muchas veces se construye sosteniendo preguntas incómodas el tiempo suficiente para que la realidad tenga que ser escuchada”.
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